Los gatos y los
perros son los animales con mayor tendencia a subirse a la cama de sus
propietarios, ya sea por la afición de los primeros a merodear por todos los
rincones del hogar o por cuestión de compañía. En general, son las personas que viven solas o los niños los que más
suelen dormir con su mascota, al lado o simplemente en la misma habitación.
A pesar de que existen opiniones adversas, gran parte de los expertos en salud animal y humana no ven problema alguno en dicha práctica siempre que se cumplan los siguientes aspectos:
o
Tanto
el dueño como su mascota deben estar completamente
sanos.
o
Debe garantizarse el descanso de ambos, sobre todo el del propietario, que suele
ser el que tiene mayor dificultad para conciliar el sueño.
o
Tiene que ser un comportamiento deseado o
aceptado por los dos y no el resultado de un mal aprendizaje.
Cuando la
decisión de dormir junto al animal de compañía es arbitraria, porque se tiende
a ceder ante la insistencia del animal, siempre se pueden sopesar los
siguientes aspectos:
Por una parte, estar cerca de un animal puede contribuir
al bienestar psicológico. Este hecho, directamente relacionado con la salud
emocional del dueño, se debe a la compañía, cariño y relajación transmitida.
Numerosas terapias médicas atribuyen a la
presencia animal diversos beneficios en cuanto a estabilidad mental se refiere, de ahí que pueda ayudar a
personas más dependientes socialmente. La relación de algunos dueños, incluidos
los niños, puede ser todavía mayor cuando se combina con el factor seguridad.

Otro aspecto que
también puede resultar beneficioso está vinculado con el despertar, y más en el
caso de los perros. En general, serán estos últimos los que tiendan a levantar
de forma más activa a sus dueños con el amanecer para salir a pasear. Este comportamiento,
detestado por algunos, puede suponer una
gran ventaja para empezar el día sin pereza.
En
contraposición, aunque un animal esté
completamente sano, puede ser más propenso a roncar, soplar o producir ruidos
que alteren el sueño. Algunos de los más sonoros son los bulldogs, los
perros obesos o los más ancianos. A este inconveniente hay que sumarle el
factor movimiento, tanto por parte del dueño como de la mascota, además del
calor generado.
Una vez verificada la buena salud del animal a través de las revisiones pertinentes, hay que considerar una serie de aspectos fundamentales.
o
Higiene. Este factor es más importante en el caso de los
perros por su mayor exposición a la contaminación. A pesar de que estos
animales no sean bañados tan asiduamente,
los dueños que quieran dormir con su mascota deben quitar parte de la suciedad
diaria. El exceso de polvo, posible barro o humedad pueden ser un foco de
ácaros y demás insectos.
o
Horarios estables. Ya sea con una mascota o sin ella, la hora del sueño debe intentar ser lo más
estable posible. En el caso de que se duerma con un animal, esta rutina
debe ser todavía más estricta para no afectar a su descanso.
o
Prevención. En el caso de sospechar alguna anomalía
respiratoria, presencia de pulgas o retraso a la hora de conciliar el sueño,
conviene reeducar al animal para que duerma en otra habitación. Garantizar una adecuada recuperación diaria
es la clave para la salud física y psíquica de ambos.
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